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En
el enérgico Autorretrato de Victorio Macho
a los 17 años, el escultor ya destaca con
una fuerza expresiva sin parangón, con
cierto gesto de obstinación y cabellera
rebelde que apuntan a una inquietante personalidad
que no abandonará el artista a lo largo
su vida y su dilatada obra. Realizada en bronce
en 1904, es una de sus primeras creaciones artísticas,
cuando empieza a cultivar el genero del retrato
con una fuerza que no deja duda al expresar el
duro gesto del castellano de la meseta.
Otras obras del autor que revelan esta característica
son la cabeza del pintor Anselmo Miguel Nieto,
busto que realizó en tan sólo tres
horas de trabajo, o el busto del también
pintor Aurelio Arteta. El retrato, junto al género
de la escultura monumental, sigue una línea
conceptual, en la que Macho concibe su obra como
"Una expansión del alma que nos eleva
hacia el sumo creador", según sus
propias palabras.
Esta obra es la fiel reproducción de la
que se conserva en el Museo Victorio Macho de
Toledo.
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